Hasta un 50% de las infecciones quirúrgicas podrían prevenirse. La irrigación intraoperatoria forma parte de esta estrategia multimodal, aunque todavía no está estandarizada.
Más del 90% de los cirujanos la utilizan, lo que refleja un amplio consenso sobre la utilidad del lavado quirúrgico, pero no sobre cuál es la mejor solución de irrigación.
Su objetivo principal es reducir la carga bacteriana mediante la eliminación mecánica de bacterias y detritos del campo quirúrgico. Esta práctica contribuye a optimizar las condiciones para la integración del implante y a disminuir el riesgo de infección periprotésica.

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